creatividad infantil
Ideas

Claves para fomentar la creatividad infantil

Las bases para fomentar la creatividad infantil

La creatividad es un aspecto cada vez más valorado en la sociedad. Nos hemos dado cuenta de la importancia de tener un pensamiento creativo a la hora de tener una vida plena. ¿Cómo podemos fomentar la creatividad en nuestros hijos?

Con creatividad no hablo de pintar o dibujar bien. La creatividad es la capacidad de resolver problemas de una forma diferente o crear nuevas ideas, nuevas asociaciones. Es la facilidad para inventar y crear.

La creatividad es sinónimo de un pensamiento original. Es la base para un pensamiento crítico.

Fomentar el pensamiento creativo va más allá de hacer manualidades en casa. Se trata de ofrecer un espacio libre de juicios que permita desarrollar su personalidad sin miedo ni coacciones.

Las cinco claves principales de la creatividad son:

  • Favorecer el juego libre.
  • Dar un trato respetuoso a los niños
  • No etiquetar
  • Evitar juzgar sus acciones o comportamientos
  • Respetar, acompañar y validar sus emociones
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¿cómo hacer que nuestros hijos no pierdan su esencia creativa?

Tiempo de juego

El juego es aprendizaje. Es una forma de descubrir el mundo. Cuando los niños juegan pueden expresarse libremente y aprender con el juego y error, casi siempre sin miedo a unas consecuencias reales (dentro de los límites de la seguridad personal)

El ser humano juega durante toda su vida. Los adultos tenemos hobbies y hacemos deporte, a veces por obligación pero muchas veces es en realidad un juego, ¿cómo no vamos a dejar entonces que jueguen los niños? y cuanto más juegues mejor.

El juego debería ser casi siempre libre y ya en la calle, al aire libre, en el campo, tocando la tierra todavía mejor pero esto sabemos que no siempre es posible. A pesar de todo, el juego dirigido, más estructurado también es muy buena opción.

Jugando a un juego de mesa, con reglas, nuestra mente descubre nuevas estrategias, nuevos plantemientos. Que un juego sea dirigido o estructurado no quiere decir que sea obligatorio. Solo por recordarlo.

Y por último, una vez más me gustaría repetir sobre el juego que dejemos jugar a los niños y también a los jóvenes. Acabemos con esos carteles en los patios que pone «prohibido jugar» recuperemos espacios para los niños, para su juego y tendremos una sociedad más libre. Si permitimos a los jóvenes seguir jugando sin duda tendremos una sociedad más sana . Y sobre todo recordemos que para jugar lo mejor es llevar ropa cómoda, sobre todo para las niñas, a veces sin darnos cuenta la ropa limita nuestros movimientos y no nos damos cuenta de como eso puede acabar modificando nuestro propio pensamiento, supongo que esta reflexión da para un post entero, debería apuntármela…

La creatividad es sinónimo de un pensamiento original. Es la base para un pensamiento crítico.

Respeto

No se si es necesario decir que el respeto es esencial para todo.

Para la creatividad, para nuestro desarrollo, para el aprendizaje. Da igual la edad, nunca debería faltar el respeto, pero parece que con los niños a veces se nos olvidan donde están los límites.

La creatividad y el respeto van de la mano. Respetar los ritmos de aprendizaje, de desarrollo, de crecimiento. No forzar a escribir, a dibujar, a correr. No solo favorece la creatividad si no que también evita muchos accidentes. Al respetar sus ritmos los niños descubren por si mismos los limites de sus posibilidades y esto siempre es interesante a la hora de «correr riesgos». Si sobre protegemos podemos perder la referencia de donde está la seguridad, además de la confianza. En esta entrada hablo sobre límites y crianza respetuosa, por si necesitas profundizar más en este tema. Aquí tienes el enlace

Creo que la clave está en tratar a los niños simplemente como nos gusta que nos traten a nosotros. Hablar bien, no utilizar el sarcasmo ni la critica fácil, no juzgar sus acciones arbitrariamente en base a nuestras creencias de lo que está bien y lo que está mal. Respetar su trabajo (el juego podría considerarse su trabajo).

No interrumpir ni intervenir también me parece algo fundamental que muchas veces se nos olvida porque no le damos al juego la importancia que merece y ponemos por delante nuestras necesidades sin respetar las necesidades de los niños, aunque sea algo tan trivial y sencillo como esperar 10 minutos para que termine de jugar y baje a cenar ¿cómo es posible que algo así a veces nos haga perder los nervios?

Estas discusiones que surgen a veces pueden crear confusiones en los niños y hacer que sencillamente dejen de jugar o de investigar porque no saben en que momento se van a ver interrumpidos y sencillamente no empiezan, no hacen. Son situaciones que pueden llegar a paralizar a cualquiera.

Las etiquetas

Otro tema que se repite siempre y que va unido al respeto. Evitar las etiquetas, los juicios de valor.

Decir «a Pepito no se le da bien dibujar» no es que le vaya a crear un trauma pero si que puede condicionarle el resto de su vida en el desarrollo de otras actividades (¿Quizá esto es un trauma?) no se trata de mentir a nuestros hijos diciendo que lo hacen todo perfecto si no dejar de fijarnos en lo malo y poner el énfasis en lo bueno ¿A Pepito no se le da bien dibujar? puede ser pero se podría resaltar el esfuerzo, el tiempo que ha estado concentrado o sencillamente que ha recogido todo al terminar. Igualmente estaremos atendiendo al niño, sin mentir y a la vez sin emitir juicios de valor negativos sobre su trabajo.

Juzgar

Y así de las etiquetas pasamos a los juicios ¡qué difícil es no caer en la trampa del «qué bonito»! nuestros hijos siempre vienen corriendo con su última creación, ya sea cazar una rana, escribir unas líneas o dibujar un osos.

Cuando ya eres consciente de las recomendaciones de la crianza respetuosa sobre el «muy bien» o el «qué bonito» nuestra mente pasará a buscar otras opciones que alabar. A mi me encanta esta fase en la que eres consciende de que no quieres decir una cosa (el famoso «muy bien») y a los padres casi nos entran sudores fríos por evitar el jucio y las etiquetas. El mejor consejo es limitarse a la observación y dejar que fluya la conversación.

Y sobre todo, dejar que hagan las cosas a su manera. No pensar si está mal o esta bien. Si han terminado o está todo a medias. Como decía antes con las etiquetas es mejor fijarnos en la parte positiva, aquello que nos gustaría que se repita, y no en lo que no nos gusta (o no cumple con nuestras espectativas)

Validar las emociones

Las emociones no son buenas ni malas, son reacciones naturales que tenemos que aprender a identificar e interpretar.

¿Por qué me siento así? cuando se trata de nosotros mismos y ¿cómo se siente la otra persona? cuando se trata de los demás.

No podemos negar las emociones en los niños, tenemos que ayudarles cuando lo necesitan para seguir avanzando. Cuando realizan cualquier acción los niños casi siempre reclaman nuestra atención ¡mira mamá, mira mamá! es la frase más repetida en mi casa y probablemente en la de todas.

¿Cómo acompañar la emoción de un niño en esos momentos en los que se muestra exultante por el resultado o decepcionado por que no lo ha conseguido? que difícil responder y sobre todo saber actuar en ese momento preciso.

En ambos caso nuestra reacción puede influir en su comportamiento. Cuando eres consciente de esta realidad, a veces da miedo ¿y si digo algo que pueda condicionarlo? realmente la respuesta es distinta y cada niño necesita un estimulo diferente.

Sin duda las claves están en lo que hemos visto evitar las etiquetas, los juicios, validar las emociones pero por encima de todo: respetar.

Si nosotros como padres aceptamos sus emociones los niños aprenderán con el tiempo también a aceptarlas.

Como padres y educadores solo podemos enseñarles a identificar esas emociones y expresarlas o canalizarlas para aprender y avanzar. No perderse en la emoción.

Entonces, ¿es posible fomentar la creatividad?

Es posible y deseable.

La vida evoluciona rápidamente y la creatividad nos ayuda a adaptarnos, a encontrar soluciones.

Hoy más que nunca desarrollar el pensamiento crítico es importante para no sentir que otros están dirigiendo nuestra vida, ¿no nos gustaría que nuestros hijos desarrollasen esta capacidad?

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